Rey Belsasar
Análisis Pericial Histórico
Durante la era ilustrada de mayor crítica alemana post-renacentista del siglo XIX, Belsasar y el quinto capítulo entero del visionario libro de Daniel representaron, por amplio margen de consenso académico generalizado, un colosal y aparentemente insalvable 'error infantil' flagrante del autor judío. Absolutamente todos los excelsos manuales grecolatinos e historiadores occidentales (como Heródoto, Ptolomeo o Jenofonte) atestiguaban y juraban universalmente que el último y absoluto rey existente del Imperio Babilónico sin lugar a dudas había sido Nabonido, un monarca que lejos de morir violentamente acribillado de noche en palacios, fue clementemente conservado cautivo y vivo tras la caída oriental por Ciro el Grande. Afirmar, como hace Daniel vehementemente, que el trono de reyes y la muerte a punta de espada imperial en plena noche la padeció un fantasma no documentado de nombre sonoro 'Belsasar', arranchaba una supuesta inexactitud garrafal.
O al menos eso se sostuvo dogmáticamente y sin compasión, hasta que en 1854 el Cónsul y militar arqueólogo John Taylor desenterró en las puras ruinas de Ur unas gigantescas y exóticas zanjas profundas que escondían formaciones de cilindros cuneiformes horneados. La realidad material enterró sin piedad el dogma de la alta crítica: Los cilindros resultaron pertencer oficialmente al rey exiliado Nabonido, quien ordenaba e instruía textualmente al reino entero que él abandonaba permanentemente Babilonia, migrando un lejano desierto por caprichos astrales (el extenso y ardiente Oasis de Taima en Arabia) para adorar por más de 10 añejos en aislamiento soledad profunda al dios lunar Sin.
En asombrosa y exquisita disculpa científica a los ignorados escritos teológicos de Daniel 5, las nuevas tablillas administrativas evidenciaron y comprobaron que el poderío y cetro en mano total en Babilonia fue delegado protocolariamente al brillante e idólatra 'hijo amado de su regazo': El corregente general Bel-sar-usur (Belsasar). Esta brillante excentricidad real que lo volvía legalmente un inusual rey interino actuante resolvió como rompecabezas instantáneo, el por qué el supuestamente 'Supremo Faraón Oriental' Belsasar, desesperado de pánico tras leer lo graficado por aquella sobrenatural mano que brotó espeluznante pintando sobre las rocas ensangrentadas de yeso frente los 1000 nobles emborrachados con alcohol sagrado de Israel, ofreció temblando de horror al intérprete (Daniel) el extraño mérito de revestirlo meramente de púrpura e investirle ridículamente collares y convertirlo en nada menos que 'EL TERCER SEÑOR EXCLUSIVO EN LA RAMA DEL REINO'—el propio y asustadizo príncipe poseía exclusivamente y llanamente el lugar intermedio y el honor número DOS en todo el escalafón imperial de mandato detrás de su papá varado en pleno desierto.
Bibliografía Secundaria / Fuentes Clásicas:
Pruebas Materiales Exhumadas
El Cilindro de Nabonido
Este espeso prisma y rulo de arcilla desenterró el misterio atesorado y sepulto por 2000 años. Detalla las oraciones al culto saturnal idólatra y la intercesión de su emperador ausente (Nabonido) pidiendo protección textual hacia los dioses demoniacos por, y cito literalmente: 'El niño Belsasar, mi hijo primogénito amado, descendiente glorioso y retoño real para que nunca cometa la tiranía o incurra en los pecados imperiales'.