Jehú
Análisis Pericial Histórico
Si la historia diplomática requiriera a un general sediento de velocidad mortal y tácticas asimétricas golpistas a sangre limpia, sería Jehú. Su biografía comienza como un recio y venerado comandante del enorme cuartel militar nor-israelita, ungido clandestina y dramáticamente en la bóveda de la guerra por una delegación apóstata furtiva mandada por Eliseo. Recibió del Dios de los ejércitos una espeluznante ordenanza directa e indubitable: empapar el suelo de sangre y erradicar sistemáticamente como una guillotina a absolutamente todo descendiente, allegado o sacerdote pagano de la corruptísima y brutal monarquía idolatra de Acab y Jezabel.
Sus tácticas puramente hitman-militares narradas velozmente en el Segundo Libro de de Reyes incluyen el conducir su enorme tanque ('carro de guerra') tan violentamente contra sus emboscadas que era recnocido a la lejanía solo por la furiosa 'marcha loca' al pisar el acelerador de cobre. Asesinó despiadadamente y por asombro furtivo tanto al letal Rey Joram como a la emperatriz y manipuladora real Jezabel (provocando asombrosamente su caída por balcones para ser pisoteada por corceles de guerra y perros), instaurando la que a nivel oficial perduraría y forjaría un siglo militar entero como la dinastía más longeva del Reino Dividido Isralita puro.
No obstante su implacable fanatismo guerrero para extinguir a purga las cortes que practicaban ritos desquiciados, el entorno colosal del geopolítico asiático requería algo todavía mayor: El General de Yahvé fue inevitablemente acaparado, pisoteado y mermado abismalmente por los demoníacos imperialistas Asirios. Sin otra alternativa inteligente, Jehú tuvo forzosamente que ir de manera vergonzosa hacia un destierro comercial con oro y ceder y doblegar rodilla contra rostro a las sandalias extranjeras, como nos corrobora una y mil veces la asombrosa roca volcánica del Museo en Londres.
Bibliografía Secundaria / Fuentes Clásicas:
Pruebas Materiales Exhumadas
El Obelisco Negro de Salmanasar III
Un inmenso cuerpo cuatripiramidal tallado íntegramente con calcita y basalto negro puro. El segundo y exacto relieve empezando por las puntas en picada esculpido meticulosamente a la altura de los ojos en la habitación del Faraón Asirio, dibuja visualmente perimetrada a un Rey barbudo ataviado típicamente en túnicas canaanitas que se halla arrodillado de bruces entregando sus riquezas soberanas al César dictador, de cuyo cincel original debajo reza, validado sin posibilidad escéptica: 'Tributo aplastante de Jehú, Rey oficial del Estado de Bit-Humri (Israel)'.